En el artículo “Tabaquismo en adolescentes con discapacidad. La necesidad de programas preventivos” se destacó la importancia de prevenir este hábito. Pero, ¿cómo pueden los adultos con discapacidad dejarlo? Existen diversas estrategias, ente otras, las siguientes:

I.-En el área de los conocimientos, informarse correctamente con “saberes ciertos y verdaderos”, saber que:

1º.-El fumar no es un vicio ni los fumadores unos viciosos, es una adicción a una droga. La nicotina, la única de las drogas que tiene sus receptores específicos  en el cerebro. Crea adicción y por eso se sigue fumando, aunque gustaría dejarlo. Cuando bajan los niveles de nicotina en la sangre, el cerebro lo detecta y se siente la necesidad o el impulso de “inyectarse” otro cigarrillo.

2º.Hay una segunda “razón” para fumar, el hábito, la costumbre de hacerlo en determinadas circunstancias. Son los estímulos facilitadores que incitan a fumar, a pesar de que los “depósitos” de nicotina estén llenos en ese momento.

3º.- Que ante una adicción, la mera fuerza de voluntad no es suficiente: para dejarlo es necesario un plan detallado que tenga en cuenta las dos “verdades” anteriores y el apoyo de  un profesional de la salud, como por ejemplo, el médico o la enfermera de su centro de salud o un psicólogo especializado en deshabituación.

4º.-Saber que el dejarlo es un proceso que pasa por varias etapas, en las que puede haber recaídas, que ya están previstas en el programa que habrían diseñado conjuntamente el fumador y el profesional de la salud. La estrategia se llama “prevención de respuesta”

II.- En el área de las actitudes, fomentar las proactivas y facilitadoras del abandono frente a las negativas e inhibidoras.

Tabla comparativa entre actitudes Inhibidoras y facilitadoras

III.- En el área de las habilidades

1º.Aprender estrategias de afrontamiento de los síntomas del mono: ansiedad, compulsión.

2º.-Aprender a identificar estímulos y ambientes facilitadores y a decir NO a las invitaciones. Avisar a amigos y familiares con antelación.

3º.Fijar el día D para dejarlo, el que sea más favorable

 

Darío Fernández Delgado.
Médico de familia.
Psicólogo clínico.